Veteranos de la Guerra de Malvinas llevaron a cabo una campaña arqueológica con fines terapéuticos en el histórico fortín Miñana, integrante de la antigua línea de la frontera sur de Buenos Aires. El proyecto, denominado «Arqueología, Veteranos de Guerra y Salud Mental», fue desarrollado por el Equipo de Arqueología Memorias de Malvinas (EAMM) en colaboración con el Grupo de Estudios de Arqueología Histórica de Frontera (GEAHF).
Raúl Torrecilla, Fernando Suárez, Pablo Conde y Gustavo Pedemonte fueron los veteranos participantes en esta experiencia única, inspirada en programas similares llevados a cabo por Estados Unidos e Inglaterra. Utilizando herramientas arqueológicas como el cucharín y detectores de metales, los excombatientes realizaron meticulosas excavaciones al aire libre durante el mes de diciembre, destacando los «efectos positivos en la salud mental» que brinda esta actividad.
El programa, que tuvo su primera edición el año pasado en los campos de la batalla de Pavón en la provincia de Santa Fe, busca proporcionar a los veteranos un espacio terapéutico mediante la conexión con la historia y el trabajo colaborativo en excavaciones arqueológicas.
En declaraciones, Torrecilla compartió sus impresiones: «Como soldado, estar en ese lugar debe haber sido bravo en su momento, sobre todo la soledad. Uno lo vivió allá en la isla, pero creo que no se compara con esto, sumado a la cantidad de tiempo que estaban en ese lugar».
Los participantes coincidieron en que cada hallazgo remitía a experiencias vividas en Malvinas, destacando la soledad y la falta de apoyo logístico que enfrentaron los soldados en el fortín Miñana. Entre los descubrimientos, encontraron una medalla con una virgen y el Escudo Nacional con el gorro frigio.
Pablo Conde reflexionó sobre el valor simbólico de estos objetos en un entorno inhóspito: «En esos lugares donde uno está solo y es muy inhóspito, tener un apoyo místico y poder identificarte con algo te da la posibilidad de salvar tu vida».
Gustavo Pedemonte describió la experiencia como «muy terapéutica» y destacó la importancia del reencuentro con compañeros en un terreno desconocido. «Fue un placer trabajar con el cucharín rascando la tierra en las cuadrículas. Uno siempre estaba con esperanza de ver qué podía aparecer debajo de la tierra», concluyó Torrecilla al compartir su vivencia durante la expedición arqueológica.
