En relación a la propuesta del candidato presidencial Javier Milei de privatizar o cerrar el Conicet, investigadores del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic) con sede en Ushuaia, perteneciente al Conicet, han expresado su desacuerdo.

El director del Cadic, Gustavo Ferreyra, enfatizó que la investigación científica debería mantenerse en manos estatales, siguiendo el enfoque de la mayoría de los países desarrollados.

Ferreyra señaló que si bien se pueden discutir las eficiencias de las instituciones, en Argentina existen ejemplos de empresas nacidas de universidades e institutos de investigación. Además, refutó la comparación hecha por Milei entre el Conicet y la NASA, destacando que la NASA se dedica exclusivamente a la investigación espacial, mientras que el Conicet abarca diversos campos.

El director del Cadic aclaró que el Conicet tiene alrededor de 25 mil empleados, de los cuales 10 mil son investigadores. También señaló que organismos similares en otros países, como el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, cuentan con un número considerable de empleados.

Ferreyra defendió el sistema de adjudicación de subsidios del Conicet, que considera transparente y equiparable a los estándares de naciones desarrolladas. Argumentó que este sistema contribuye a la competitividad de los investigadores argentinos en el ámbito global.

El director del Cadic resaltó la importancia de las investigaciones básicas para el desarrollo de futuras tecnologías. Ejemplificó investigaciones en curso sobre la repoblación de centollas en el Canal Beagle y el estudio de erizos de mar y algas.

Francisco Zangrando, arqueólogo especializado, destacó que el Conicet genera conocimiento aplicado a la industria y a la sociedad en general. Sostuvo que el conocimiento no es instantáneo, sino un proceso gradual que se traduce en mejoras industriales y en la vida cotidiana de las personas.

«Por ejemplo, en Tierra del Fuego el turismo es uno de los pilares de la economía. Y el Cadic genera información sobre ecosistemas, sobre la geología o sobre el pasado humano que luego es tomado por la actividad turística para expandir y divulgar ese conocimiento a mucha gente que nos visita», argumentó Zangrando y afirmó que «lo mismo ocurre con los aportes que se realizan a la industria pesquera, o a la hidrocarburífera. Eso forma parte de nuestra soberanía, que es la soberanía de poder producir nuestro propio conocimiento».

Fernando Santiago, arqueólogo de la estepa fueguina, subrayó el rol fundamental del Conicet en la producción científica en Argentina y Sudamérica. Afirmó que cerrar este organismo sería perjudicial para la generación de conocimiento básico y aplicado en diversas áreas.

El biólogo Adrián Schiavini advirtió sobre las consecuencias negativas que conllevaría un posible cierre del Conicet. Señaló que la ciencia no debe depender exclusivamente del sector privado y resaltó que los países desarrollados invierten más en investigación y desarrollo.

Schiavini criticó la noción de que el éxito individual automáticamente beneficia a la sociedad, argumentando que esta perspectiva darwinista tiende a marginar a los menos privilegiados.