Hace 57 años, el 29 de julio de 1966, el régimen cívico militar del general Juan Carlos Onganía decidió poner fin a la autonomía de las universidades nacionales y ocupó por la fuerza de la represión cinco facultades porteñas. Esto se conoció como «La Noche de los Bastones Largos».
Un mes antes, Onganía había derrocado al presidente constitucional Arturo Umberto Illia y promulgó la ley 16912, por la cual ordenaba la intervención de las universidades nacionales con el propósito de terminar con el sistema de gobierno tripartito que ejercían docentes, alumnos y graduados.
La Universidad de Buenos Aires (UBA) decidió resistir la medida y desconocer cualquier autoridad que no emanase de la autonomía y el sistema de cogobierno. Esto provocó que el Gobierno ordenara que los rectores se convirtieran en interventores y que las universidades pasaran a depender del Ministerio de Educación.
Ese viernes por la tarde, en las sedes de las facultades de Ciencias Exactas, Filosofía y Letras, Medicina, Arquitectura e Ingeniería de la UBA, estudiantes, docentes y graduados se congregaron para resistir ese decreto. El general Mario Fonseca estuvo a cargo de una acción policial para ocupar la Manzana de las Luces, conocida como «Operativo Escarmiento».
Esta represión se remonta a un hecho ocurrido en octubre de 1965, durante un acto que el Ejército llevó a cabo en Perú y Diagonal Sur para conmemorar el aniversario 51º de la muerte del expresidente Julio Argentino Roca. Desde el techo de la Facultad de Exactas, estudiantes lanzaron monedas y profirieron cánticos contra la formación militar.
Tras hacerse con el control del edificio, los uniformados hicieron salir del edificio a los docentes y estudiantes por el medio de dos hileras de policías que los golpeaban con saña y hubo 400 detenidos. Warren Ambrose, un académico estadounidense que se encontraba como invitado en la Facultad de Exactas, describió la represión en una carta al diario New York Times.
Onganía cerró todas las universidades por tres semanas y comenzaron las renuncias en masa con el alejamiento de la UBA de 1300 docentes e investigadores. Esto provocó el exilio de más de 300 científicos que dejaron el país acusados de «comunistas».
Luis Botet, un letrado cercano al almirante Isaac Rojas, asumió la intervención de la UBA y justificó la salida de científicos y docentes al considerar que «la autoridad estaba por encima de la ciencia». Federico Frieschknecht, quien fue designado por entonces como decano de Ciencias Económicas, explicó que la Policía Federal había elaborado un plan de seguridad para la Facultad.
La Noche de los Bastones Largos fue un hecho represivo tras el cual centenares de científicos se vieron obligados a dejar un país donde las casas de altos estudios se vaciaron de prestigio y contenido educativo. Esto profundizó el clima represivo que se instaló en las universidades públicas y que iba a profundizarse con la irrupción del terrorismo de Estado en 1976.
