Los tatuajes sanadores unirán Ushuaia con Alaska buscando a víctimas de quemaduras, accidentes, operaciones, incluidas mujeres con cáncer de mama
El dueño de Mandinga Tattoo viajará en motorhome por 15 países, con sus tatuajes sanadores, uniendo Ushuaia con Alaska. La travesía apunta a personas que sufrieron quemaduras, accidentes, operaciones que buscan ser tatuadas sobre sus cicatrices.
“Hay gente que vive soñando y otros que viven sus sueños. Yo vivo mis sueños”, asegura Diego Starópoli que se encuentra en Ushuaia y busca llegar a Alaska en motorhome. El viaje se llama “Mandinga por América” y pasará por 15 países y tatuará además a mujeres que tuvieron cáncer de mama y a víctimas de violencia de género.

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En esta travesía lo acompañan su compañera de vida, Elizabeth, y sus dos hijos, Iván y Thiago. “Es un proyecto que tenía desde muy joven, de soltero. Mi sueño era hacerlo solo en una moto”, recuerda.
“Uno proyecta hacer cosas para cuando se jubile y ha partido gente que ni siquiera tenía edad para hacerlo. Los sueños quedan siempre colgados en una ganchera entonces yo decidí que era el momento”.Refleccionó el dueño de Mandinga Tattoo.
“Comencé con un motorhome muy viejo y me generó terror. Fuimos a Entre Ríos y nos quedamos sin frenos, se cortó la dirección, fue una cosa increíble. Ese no prosperó. Nos metimos en un plan de ahorro para sacar un cero: vendimos una casa para comprar una casa con ruedas y el armado duró un año”, explica.
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Además, llevará dos muestras fotográficas “Los Fénix de Mandinga”, recientemente presentada en la Sede del Gobierno de la Ciudad. La muestra retrata el antes y el después de personas que han sufrido quemaduras y han sido tatuadas. Además, la muestra “Indelebles”, que retrata a mujeres que han padecido cáncer de mama.
“Esas muestras van a ser un poco la llave de entrada a cada uno de los países”, señala sobre la travesía declarada de Interés Social por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Fundación Mandinga Tattoo
En los 90, Diego tatuaba en un stand del Mercado Central de manera clandestina y para los comerciantes del lugar. En 1993, fundó el primer local de Mandinga Tattoo en Lugano, un estudio que en un principio era de 3×3 y hoy es el más importante de Latinoamérica y el más elegido por reconocidas figuras del ambiente.
“Para mí tatuar era un sueño irreal” Señaló Diego, recordando sus inicios.
Además, hace 3 años desarrolló una faceta solidaria y nació la Fundación Mandinga Tattoo Studio. Debido a gajes del oficio, Diego se retiró hace algunos años debido a la vista y la postura. Solo tatuaba a mujeres que habían padecido cáncer de mama, que es algo simple y rápido.
“Desconocía que la mujer cuando perdía las mamas perdía las areolas mamarias. Todas las mujeres de mi familia han padecido esta enfermedad, entonces yo sentía que hacer esta actividad era un homenaje a ellas. Se sumó mi hermano y con él llevamos tatuadas más de 1600 mujeres gratis”, señala.
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Pero a meses de cumplir los 50, la vida dispuso que se volviera a poner los botines y saliera a la cancha para tatuar a “Los Fénix de Mandinga”. Sobre ellos, Diego explica que es un grupo de sobrevivientes a grandes quemaduras, que van desde accidentes domésticos a violencia de género. “Los bauticé así porque el Fénix literalmente renace del fuego y ellos también lo hicieron. A mí estos chicos me volvieron a la vida, soy un orgulloso veterano que sigue activo”, concluye.
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Diego señala que a diferencia de un cliente común, que se tatúa y se va, el vínculo con los Fénix es para toda la vida. “Cuando las personas vienen a tatuarse, al principio la relación es de mucha vergüenza porque quienes están quemados lo único que estuvieron haciendo en los últimos años es esconderse, ocultar las cicatrices y esquivar miradas. Pero con el tiempo empiezan a abrirse y a hacerte parte de su historia”.
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Hoy los Fénix y Diego se definen como una familia grande. Es que ellos se conocieron en Mandinga y se hermanaron. “Lo único que puedo decir es que gracias al tatuaje tengo el privilegio de vivir cosas muy lindas que no imaginé”, concluye.
